Fe de errata
chau resonancia
A algunos podría confundirles que hace nada escribí sobre mis reflexiones aprensivas en torno a compartir el mismo lenguaje entre ciencia y símbolos, y luego me arrojé con algo llamado Práctica de Resonancia. Y bueno, a mi me confunde jajaj.
Justamente esto me demostró una vez más mi necesidad de palabras para dar lugar a sensaciones, contradicciones, hallazgos, que no siempre tienen lugar. Y es algo que vengo pensando hace tiempo.
Cuando leí por primera vez 1984 de Orwell, me marcó, entre mil cosas, la eliminación de palabras para esta neolengua que buscaba en simple, limitar el pensamiento crítico de las personas.
Me parece que estamos en un momento que a ratos es peligrosamente similar, aunque sea sutil, en donde vemos a muchos escribir en un mismo formato (gracias IA), o nos sentimos invitados a opinar de todo rápido, replicando ideas un millón de veces porque es popular hacerlo, sin importar si existe un proceso de desarrollo de pensamiento detrás como tal. Estando empapados además de información manipulada por quienes están en posición de liderar.
(Hay muchísimas más condiciones similares entre el libro y la actualidad, espeluznantes, pero en fin, este texto no va de eso por ahora).
Este texto va, en parte, para situarme nuevamente en mi defensa de la contradicción como espacio de tensión y posterior apertura. Me contradije, me incomodé, y eso me hace querer rectificar. Es como darle espacio al conflicto para crear. En la novela, el doblepensar sostenía la contradicción como una forma sofisticada y perversa de manipulación, impidiendo que pudiera producir reflexión, conflicto o transformación. Pero la contradicción puede ser, en cambio, un espacio fértil para dudar, cuestionar y ojalá transformar el mundo.
Otra cosa de lo que va esto es para, francamente, recordarme que no puedo ser tan despistada, porque era solo cosa de detenerme en la palabra usada para darme cuenta que no era de mi gusto particular, y que además, no suelo usar en mi cotidiano muy seguido.
¡Y también va para reírme de mí misma por su puesto! Nada de todo esto es tan serio y equivocarse es sin duda parte de jugar, experimentar y crear.
Pero este texto es también para ofrecer una explicación, pues la querida Paula me comentó algo sobre la resonancia y dejó entrever que quizás no se entendía del todo lo que quería decir con esa palabra. Además de elegir erróneamente la palabra, no era funcional. Ella entendió la resonancia como una confirmación, y yo me refería más a la capacidad de afectar y ser afectados. El mensaje no llegó porque no escogí bien la forma.
Entonces, palabras. Que belleza sentir que necesito más palabras, me entusiasma. Justo ayer pensaba, a raíz de una noticia devastadora ambientalmente para mi territorio, que el poder nos quiere desanimados, des animados, sin alma. Y entre el desánimo que se me cuela, la necesidad de nombrar las cosas me anima muchísimo, de nombrarlas como nos nombra el amor, como decía hace unos días. Y para nombrarlas bien y así, necesito tiempo, conocerlas, experimentarlas, relacionarme con ellas, con las cosas y con las palabras… una invitación a poner la práctica del encuentro, como ha sido rebautizada la práctica de resonancia, justamente en práctica.
Con esto pienso en Oscar y me inspira su necesidad de inventar o rescatar palabras, como la Kairófrasis y el Zwischen (vayan a leer sus artículos ya).
Esta nota es apenas sobre esto, al final, sobre la importancia del lenguaje. De narrarnos, de relatar. De ocupar los espacios con sonidos, gestos, traducciones, intentarlo aunque las experiencias se escabullan entre las palabras. Contemplar, sostener la inquietud, la curiosidad, no dejar de buscar. Considerar el error, rectificar. Intentar que existan en algún formato que pueda ser compartido, para crear nuevos espacios abiertos entre ellas.
Hoy, en un taller con Juan, sobre nuestra querida Tchalaï Unger, hablamos entre mil cosas de analogías que son intención de encuentro. Analogías que no terminan de cerrarse por completo, que no se confunden con semejanza, que no buscan reemplazar algo por otro, ni explicar del todo, que son puente.
La analogía de la resonancia fue insuficiente, pero bueno, esto es una nota rapidísima para reivindicarme, conmigo misma principalmente. Caí en mi propia trama. ¡Que divertido!
Gracias por leer mis auto descargos, un abrazo ♡




Karin, decía Paul Ricoeur que «el símbolo da que pensar». Y quizá el error también nos da que pensar: nos obliga a volver sobre las palabras, afinarlas y convertirlas en puentes más fieles hacia la experiencia.
Felicitaciones por hacer de la contradicción no una caída, sino una forma viva de pensamiento y encuentro. Y gracias también por hacerme parte de ese hallazgo 🫂💛